¿Está ud. de broma, Sr. Feynman? (Libros Singulares (Ls))

Richard Feynman no ha sido sólo uno de los físicos teóricos más destacados del mundo sino también una personalidad insólita y genial cuyas investigaciones sobre l. a. reformulación de l. a. teoría cuántica para calcular las interacciones entre l. a. radiación electromagnética y las partículas elementales le valieron el Premio Nobel de física de 1965. En su biografía y en su obra se dan cita los angeles curiosidad irrefrenable, el escepticismo empedernido, el sentido del humor, el gusto por los angeles travesura, l. a. más vasta cultura y el más penetrante ingenio. Feynman es seguramente los angeles única character en el mundo que ha reventado las cajas fuertes más seguras de Los Alamos durante los angeles fabricación de l. a. bomba atómica y que ha tocado con maestría l. a. frigideira en una banda de samba brasileña; que ha explicado física a cerebros como Einstein, Von Neumann y Pauli y que ha tocado los bongos en una compañía de ballet; que ha sido declarado deficiente psychological por el ejército norteamericano y que ha obtenido el Premio Nobel por l. a. Academia Sueca. ¿ESTÁ USTED DE BROMA, SR. FEYNMANN? recoge las conversaciones mantenidas a lo largo de una serie de años con Ralph Leighton, quien se encargó de grabarlas y transcribirlas.

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Uh... Me sería de gran ayuda saber para qué se va a usar el dibujo. » «Lo quiero para mi establecimiento comercial. » «¿Qué clase de establecimiento es? » «Es para un neighborhood de masaje; ya sabe, cuartos privados, chicas masajistas... ¿Sabe de que le hablo? » «Sí, ya me hago una thought. » Yo no quería dibujar una torera desnuda embestida por un toro con cabeza de hombre, así que traté de quitarle l. a. concept de los angeles cabeza. «¿Qué cree usted que les va a parecer a sus clientes, y qué van a pensar las chicas? Los hombres llegan y se van a poner todos excitados con el dibujo.

Ahora ya period profesional. Aquel mismo verano, al año siguiente de terminar los angeles guerra, el encargado de fabric de intendencia quería dar de baja algunas de las cosas que el gobierno había adquirido, y revenderlas como excedentes militares. Una de las cosas en cuestión period una caja fuerte, los angeles del capitán. Todos sabíamos lo de los angeles caja del capitán. El capitán, cuando llegó, ya mediada los angeles guerra, decidió que los archivadores que utilizábamos nosotros no eran suficientemente seguros para los secretos que él tendría que guardar, y que le hacía falta una caja fuerte especial.

Llega uno y hace una sugerencia, y así otros. Al cabo de un rato, me levantó y hago una propuesta. «Vale — digo con voz sarcástica —. Seas quien seas el que robaste l. a. puerta, ya sabemos que eres maravilloso. ¡Qué inteligente eres! No hemos conseguido descubrirte, así que seguro que eres un supergenio. No hace falta que nos digas quién eres; todo cuanto queremos saber es dónde esta l. a. puerta. Déjanos una nota en cualquier sitio, diciéndonos donde está, y te honraremos siempre; admitiremos eternamente que eres un fenómeno, que eres tan listo que pudiste llevarte l. a. otra puerta sin que pudiéramos averiguar quién fue.

No tenía sentido hacer que pareciera demasiado fácil; ¡alguien hubiera averiguado que había truco! Al cabo de un rato abría l. a. puerta y decía: «Abierto está. » l. a. gente pensaba que yo abría las cajas partiendo de cero. Ahora podía mantener los angeles inspiration, nacida de aquella casualidad con Staley, de que yo period capaz de abrir a mi capricho las cajas fuertes. Nadie se figuraba que yo estaba a hurtadillas tomando los dos últimos números de sus cajas, a pesar de que — o tal vez precisamente por eso — yo estaba haciéndolo continuamente, lo mismo que un fullero que se pasa el día practicando con los naipes.

Pensé: «¡Qué diablos! Si no tiene un céntimo, me parece que también podría aguantar durante un ratito un poco de ruido. » Y todo el tiempo, de camino a su casa, no hace más que decirme cosas como: «¿De verdad entiendes algo de radios? ¿Y cómo es eso? ¡Si no eres más que un chaval! » Y así todo el tiempo, desmereciéndome, mientras yo pensaba: «Pero, bueno, ¿qué le pasa a éste? ¡Si no es más que un ruidito! » Llegamos a su casa y me puse manos a los angeles obra. Encendí l. a. radio. ¿Un ruidito? ¡Dios mío! No period maravilla que el pobre hombre no lo pudiera aguantar.

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